sábado, 19 de abril de 2014

la llegada , la venta y la exploción de los negros en el perú

En la Historia del Perú la población africana figura desde los albores de la conquista.
La Capitulación de Toledo autorizó a Francisco Pizarro a traer al Perú
cincuenta esclavos negros, entre los cuales debía haber, a lo menos un tercio era de hembras.
El análisis del Historiador Julio Reyes Torres, menciona ante este hecho lo siguiente:
La proporción entre hombres y un mínimo de mujeres obligatorio exigida así para fomentar el crecimiento vegetativo del grupo esclavizado. No se puede decir que Francisco Pizarro hubiera sido como lo fue Cortés en México, dueño de grandes dotaciones de “Piezas de Ébano”.
Se sabe por algunos cronistas como Cieza de León, que
un negro fue quien le salvó la vida a Diego de Almagro en la peripecia de Pueblo Quemado, donde fueron duramente atacados por los aborígenes.
El historiador Lookap reconoce la importancia del negro en las exploraciones de los Hispanos de nuevas tierras y conquista, mientras unos se cubrían de gloria, sus desconocidos compañeros vivieron y murieron en el más completo anonimato.
El capitán mandó (ó) Alonso de Molina y a un negro que fuesen con el cacique, se le acercaron los naturales, mirabánlo, haciéndolo lavar, como lo veían negro para ver si su negro era color o confección puesta, más el, echando su dientes blancos de fuera, se reía, y llegaba a otros verlo que no le daban lugar a comer.
Los primeros negros africanos en pisar tierra en la zona de Tumbes, fueron traídos por Francisco Pizarro, antes de firmarse la Capitulación de Toledo. Desde la exploración de la costa del pacífico sur fue un primer episodio donde el negro Africano estuvo de lado del Ibérico conquistador.
El segundo episodio de tal mencionada conquista es la lucha por el botín y tierras que origina las sangrientas guerras civiles entre los conquistadores. Aquí los negros participan como carne de cañón en esas disputas de lado de los caudillos afortunados y otras al servicio de los rebeldes que se enfrentan a la corona y otros fieles a las armas del rey. Ejemplo en el movimiento encabezado por Gonzalo Pizarro un negro que estaba a su mando a golpe de alfanje decapito en Añaquito, al virrey don Blasco Nuñez de Vela.
Posteriormente los negros africanos tomaron parte activa en la revuelta de Francisco Hernández Girón que cierra el agitado período de las guerras civiles en la iniciación del coloniaje. Un batallón de 150 africanos organizado por él, en la Batalla de Pucará, en vez de combatir se dedicó al saqueo, contribuyendo así a la derrota de su caudillo.
A su vez el leal capitán Gómez Arias Dávila, vecino de Huánuco, utilizó como auxiliares a sus esclavos negros para dominar al rebelde Girón. Refiriéndose a Huánuco, Guamán Poma menciona que "indios y negros no han servido tanto a su majestad como en esta ciudad". Esto da clara muestra de cómo se iba formando la estructura social de los negros en el Perú.

Venta

En los contratos de compra-venta, el esclavo era un objeto. El historiador Frederick Bowser hace mención: “que el esclavo africano no tenía más dignidad que un caballo”.
Porque al comprarlo se le revisaba previamente su condición física, atendiendo a cualquier posible lesión, el estado de su dentadura, sus antecedentes y al momento de fijar el precio, aparte de estas circunstancias importaba saber si era nacido en América (ladino o criollo), si recién había arribado del África (Bozal), pero de ninguna manera podían ser gelofes (nombre que se daba a los negros africanos con influencia de la región islámica).
Los negros africanos eran vendidos a través de las siguientes modalidades:
Alma en boca: Significaba que la pieza de ébano era vendida en pleno uso de sus facultades, es decir, sano y con óptima predisposición para el trabajo.
Costal de huesos: Que podía el negro esclavo tener enfermedad oculta, de la que no se hacía responsable el vendedor, a menos que fuese epilepsia.
Con todas sus tachas: Que podían resultar después un facineroso, cimarrón, de lo que tampoco se responsabilizaba el traficante negrero.
Además de estas modalidades de venta, el comerciante negrero otorgaba una carta de venta que significaba el título de propiedad.
Para evitar ello, el virrey Marqués de Gualdacázar (D. Diego Fernández de Córdova “1622-1628”) ordeno que los cargamentos de negros procedentes de PanamáValparaíso,Buenos AiresPortobeloCartagena u otras zonas, antes de ingresar a Lima, permanecieron en cuarentena de observación en una chacra a no menos de una legua de distancia de la ciudad, vencido este plazo eran conducidos encadenados de dos en dos, a los arrabales (lugares rurales que sirvieron de mercado y abrigo de negros esclavos) donde permanecían a la intemperie hasta que se encuentre un comprador para ellos, cobrando un peso por cada uno de ellos.
El virrey conde de Chinchón (D. Fernández de Cabrera y Bobadilla 1628-1639) dispuso que se construyera un gigantesco galpón público para alojar a los esclavos africanos en el barrio de San Lázaro, posteriormente se instaló en el barrio de Malambo (Lima); para que después de estos negros, sean trasladados a diferentes zonas costeras, comoPiuraCañeteChinchaPiscoIca, entre otros.
Entre los siglos XVIXVII el precio de un negro mínimo entre 6 a 40 pesos, pero se fue incrementando a medida que se necesitaba más mano de obra y la prosperidad de algunas familias, que mejoraba su situación económica en base al comercio.
Este incremento lo podemos observar en un contrato de compra venta en el siglo XVIII – 1762, fuente proporcionada por el Archivo General de la Nación, donde se estipula lo siguiente:
Entre 1760-1810 el precio promedio de un esclavo joven, en buen estado físico fluctuó entre 400 a 650 pesos, lo que en términos racistas de la época era una herramienta de trabajo, fue también un artículo de lujo.
Con ello se puede apreciar que entre 1740-1810 el precio promedio de un esclavo joven, en buen estado físico fluctuó entre 400 a 650 pesos, lo que en términos racistas de la época era una herramienta de trabajo, forma parte de un artículo de lujo. Por eso los comerciantes denunciaban que en Lima el esclavo costaba más que en Buenos Aires. En1813 Gaspar Rico fue más preciso al señalar que mientras en Perú el precio de un esclavo sobrepasaba los 500 pesos, en Argentina su valor fluctuaba entre los 180 y 200 pesos.

Alquiler de esclavos

Un aspecto poco difundido y muy importante es el hecho que, desde los primeros años del coloniaje, los indígenas poseían esclavos. Este privilegio lo señala Hart -Terré, no se reservaba a “ciertos indios”, sino a todos aquellos que estuvieran en capacidad de adquirirlos, por ser esclavos era tener un lujo. Cuando el artesano o comerciante indio no disponía de los medios para comprar un esclavo, tenía la opción de adquirirlo, sin embargo, debía asumir la responsabilidad de su comida, vestimenta y salud.
Que la compra o alquiler de negros esclavos, no se reservaba a ciertos indios, sino a todos aquellos que estuvieran en capacidad de adquirirlos, poseer esclavos, era tener un lujo
Cuando el artesano o comerciante español o indígena, no disponía de los medios para comprar un esclavo negro tenía la opción de adquirirlo mediante el alquiler, sin embargo, debía asumir la responsabilidad de su comida, vestido y salud; y si no cumplía con ello lo devolvía de acuerdo, como se le había rentado.
Claro ejemplo lo describe el historiador chinchano Cánepa Pachas, al referirse del:
Marquéz de Vallehumbroso en Cañete; que para zafra o corte de la caña madura, o parte de la molienda en el “trapiche” o ingenio, contrató o alquiló a los señores Carrillo de Albornoz, hombres y mujeres negros jóvenes, por dos o tres meses, para que laboren en dicha zona de cañete, muchas veces regresando embarazadas.
El esclavo vendido o alquilado, era una inversión que tenía que ser rentable y productiva, pero esto no quería decir que el hecho de ser propietario de esclavo negro, no podía disponer de él a su antojo y quedara permitido a cualquier abuso.
Son pocos los casos de esclavos negros o alquilados, que consiguieron cambios en esta situación e incluso llegaron a imponer condiciones a sus amos, pero estas no fueron suficientes para desterrar, la idea que eran un objeto, cualquier cosa e instrumento de trabajo.

La Carimba como sello distintivo

Eran costumbres que las compañías o personas con quienes se celebraba el “asiento de negros”, es decir que tenían privilegios de importación.
Marcaban cada Pieza de ébano, como hasta ahora se realiza con el ganado. Al negro se le colocaban un signo distintivo puesto en las espaldas, con un fierro hecho al rojo incandescente. A este acto se le llamaba “LA CARIMBA”, también se usaba el hierro candente para castigar al esclavo. Tan bárbara costumbre movió a compasión al arzobispoSanto Toribio Mogrovejo que recomendó que a los negros no se le castigase con crueldad, mayormente con brea o con hierro incandescente. Esta práctica de la Carimba fue suprimida, por las demás críticas recibidas en 1784. Sin embargo, fue recién por la real cédula emitida en mayo de 1789 cuando fue suprimida.

Alimentación y sufrimiento, enfermedades de los afros esclavos del Perú

Hart – Terré encontró en una planilla de gastos de manutención de esclavos negros, afirmando que su dieta se hacía en base a zapallocamotepanpescadoalgo de carne, menudencias de animales, ronchicha. Debido ha esa alimentación estaban propensos a diferentes plagas traídas por los europeos (como la viruelaepilepsiafiebre tifoidea,sarampión, entre otras). Sufrieron como ningún otro, lo seleccionaron en base a sus condiciones físicas, que los convirtió en opinión de Mornen en una raza de élite biológica.
No todos los negros en el Perú eran esclavos y africanos. Había negros que venían con diferentes grados de aculturación o (hispanización)(evangelización), según su lugar y formación de origen. Ejemplo, los negros africanos capturados y vendidos como esclavos eran “bozales”, no tenían ninguna experiencia laboral, ni hablaban el idioma. Los nacidos en América eran ladinos, poseían experiencia laboral y hablaban español. En su mayoría eran mulatos.

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